Culto a Jesús del Gran Poder
HISTORIA DE LA DEVOCIÓN A JESÚS DEL GRAN PODER
Jesús del Gran Poder es un imán que arrastra a miles de fieles en Viernes Santo. Todo comenzó en el año de 1536, cuando la reina Isabel, esposa del emperador Carlos V, había ordenado que desde Roma se enviara un obispo a la recién fundada ciudad de Quito.
Según el franciscano Agustín Moreno, la reina ordenó al religioso García Díaz Arias que viniera a vivir a Quito e hiciera todas las ceremonias correspondientes a un obispo, entre las cuales estaba la celebración de la Semana Mayor. El religioso se estableció en la capital del Ecuador en 1550.
De acuerdo con los historiadores, la primera noticia que se tiene sobre la celebración de la Semana Santa en Quito data del año 1597.
En las memorias del Cabildo quiteño, correspondientes al final del siglo XVI y las primeras décadas del siglo XVII, la Semana Santa no fue una celebración popular, ya que la nobleza era reacia a sumarse a estos esfuerzos.
La celebración alcanzó popularidad a partir de 1620, cuando de las manos del padre Carlos nació la imagen de Jesús del Gran Poder, en el seno del convento franciscano, donde funcionaba la Escuela de Bellas Artes. Allí comenzó el florecimiento del Barroco y la Escuela Quiteña, cuyas obras perduran en Quito hasta la actualidad.
Jesús del Gran Poder fue tallado en madera encarnada y policromada, con una estatura de 1,75 metros y un peso aproximado de 150 kilos.
La cruz, que tiene accesorios de plata repujada, con piedras engastadas en las cuatro puntas, pesa más que la estatua, unos 80 kilos. Más de 100 personas por día, durante todo el año, visitan a la imagen en el museo franciscano. Los guías cuidan que los visitantes no toquen con las manos la estatua, porque la pintura, que es la original, se daña.
Diez jóvenes se encargan de cuidarlo y mantenerlo limpio todos los días, pues la imagen no lleva capas ni túnicas de tela, aunque sus devotos han donado decenas de prendas con adornos de oro.
La estatua se ganó su espacio a pulso. El religioso Francisco Fernández, en el siglo XVII, se encargó de hacerla conocer.
Mandó a elaborar réplicas pequeñas, de 50 libras de peso, con las cuales visitaba plazas y mercados. La tarea no fue fácil, pues en la época los indios y muchos criollos creían en el sol, la lluvia, la montaña y otros apus de la naturaleza y “no en el verdadero Dios, en este, tallado en madera, el que murió en la cruz para lavar los pecados del mundo”.
Poco a poco los devotos de Jesús del Gran Poder fueron creciendo, hasta que hoy son la mayoría en Quito. Los demás se dividen entre la Virgen Dolorosa, San Francisco y muchos otros santos.
A lo largo de la historia se han conformado grupos seguidores de Jesús. Hubo la cofradía de “Nuestro Padre Jesús del Gran Poder”, que realizó la primera estación de penitencia el Viernes Santo de 1946, únicamente con la imagen de Jesús del Gran Poder.
Luego de algunos años, en 1961, se realizó la primera procesión con la estatua de Jesús del Gran Poder, por las calles de Quito. El Viernes Santo es el único día que se mueve a la imagen original de su sitio, ubicado delante de la Virgen Dolorosa, en el museo del convento de San Francisco. Incluso la imagen que permanece en el altar mayor de la iglesia es una réplica de la que sale hoy a recorrer el Centro Histórico.
Previo al Vía Crucis, los restauradores, con guantes blancos y bien limpios, bajan a la imagen para colocarla en la urna, que es trasladada en hombros hasta la carroza, por 21 voluntarios que representan a los 21 siglos del cristianismo.
En los jardines del convento de San Francisco lo esperan los 2.000 cucuruchos, quienes representan al número de años desde la llegada de Cristo a la tierra. Entre ellos están unas 300 Verónicas, también vestidas de cucuruchos y los penitentes, listos para triturar sus pecados sobre el asfalto.
Pero los cucuruchos no pueden salir por salir, deben prepararse, asegura el padre franciscano Mario Liroy Ortega, encargado de la organización.
Los cucuruchos se inscriben en noviembre y asisten todos los sábados a charlas sobre formación cristiana, “para dar sentido a la penitencia que están representando”.
El Miércoles de Ceniza, cuando termina el carnaval, empieza una segunda etapa de preparación, hasta la última semana de la Cuaresma. En este lapso, las reuniones son dos veces por semana y con mayor rigurosidad. Allí se explica a las Verónicas que deben representar a las mujeres que acompañaron a Jesús durante el Vía Crucis. También se enseña a los voluntarios encargados de empujar las carrozas, cómo deben cuidar en el trayecto la imagen de Jesús del Gran Poder y de la Virgen Dolorosa, la madre de Cristo, que lo acompaña en el recorrido.
Los cucuruchos, las Verónicas y las bandas musicales salen en silencio de la iglesia de San Francisco. Se abren espacio entre la multitud que espera a Jesús del Poder para acompañarlo en su calvario. La procesión inicia a las 12:00 para expiar culpas, arrepentirse de los pecados, cumplir promesas y sacrificios. Hay penitentes que cargan inmensas cruces de madera y rezan con fervor. Otros arrastran sus pies descalzos por el cemento. En la procesión también hay niños, a pesar de no tener el permiso de los padres franciscanos.
Jesús del Gran Poder, cumple 50 años de su devoción y culto el próximo 11 de febrero del 2011. Estamos viviendo el año jubilar.
Procesión Penitencial de Viernes Santo
La Procesión de Viernes Santo se realiza a partir de las 12:00. Los cucuruchos, junto con las Verónicas, son las figuras tradicionales que acompañan a Jesús del Gran Poder y a Virgen Dolorosa inician y terminan en San Francisco, y recorre buena parte del Centro Histórico de Quito. La procesión dura hasta las tres de la tarde, la hora de la muerte de Señor.
HORARIO DE MISAS
El día viernes de cada semana es dedicado a fomentar el culto y devoción a Jesús del Gran Poder. El horario de misas es desde las 07h00 a 12h00 y en la tarde 17h00 y 18h00.





